18 de Agosto de 2008

Tenía la sonrisa escondida bajo el peluquín una lágrima, y esa lagrimilla prendía tras de si aquella sonrisa. Como Las aventuras amorosas de Moliere, como las Zozobras Completas de Krahe.
Tenía el tropezón infección de zancadilla, tenía el simple error mil mañanas de resaca. Tenía mi español sotaque de rua Progreso y mi válvula un escape y mi saliva permiso. Lucia oscuridad en mi cuarto iluminado, temblaba aún mi colchón desde la última llorera, quería aquel Señor verme reir de las derrotas y aún me ganó al dominó bajo lápida y flores secas.
Enseguida se encendió el calor a una caricia, enseguida les enseñé a bailar folk a mis adidas, enseguida una omisión se convierte en el vacio y enseguida pude ver con que pies ando el camino. Tenía tus uñas en un aquel que requiere más sesiones, mil disculpas, un marrón y un breviario de artista. Un castigo, un bofetón, algo que contar sin prisa. Un ligue de quita y pon y algo que arde en mi camisa.
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30 de Julio de 2008

Sabía que sabrías tan bien que me moria por saborearte. Por dejar caer a peso muerto mi lengua en tus repiraderos. en tu piel, en tus sudores, en tu calor interno. Sabía que ganarías por eso me moría por retarte, por respirarte cara a cara y entremezclar nuestros vapores. Sabía que te iba a gustar y por eso me gustaba pasearme por tu entrecejo, dejándome desear, alimentando un sueño osceno, dándote tu tiempo, cumpliendo con la misa, acabando el crucigrama en tu entrepierna antes de que llegáramos a vernos.
Sabía que eso era humedad sin ni siquiera rozarla y te rondé, y te busqué, y bailé un tango con nuestro temple… calentando el partido nos movimos como gatos al aire, hasta que me temblaron las piernas y tus labios. Me temblaron tus labios en los dedos, se me movian, se me escapaban, se me escurrian en un portal oscuro y nuevo. Y de repente tu boca, y de repente tu cuello, y de repente mis dientes tiraron de tu camisa y te arrancaron algo más que todo lo arrancable, y mi lengua y tu saliva.
Sabía que eran de locura cada dedo que apretaba mi cabeza contra tu sexo… y volví a saber que era humedad, que era deseo, que era velocidad, calor y vértigo… nos amamos viendo como nuestros brazos se pelaban, forcejeaban en el suelo y nos desnudaban… te penetré, abrazaste mi cabeza, abrazaste mi cintura, abrazaste mi pecho y follamos como locos, como locos, como locos…
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30 de Julio de 2008

Tan despiadado y resabido, Johnny era un auténtico tiburón de la oscuridad… tan firme y seguro en los mares de griterío y gente, de humo y rock’n roll… Johnny era el puto amo en la cima de las cimas de los tumultos donde todos se sentían enanos e insignificantes, desconocidos e indefensos. Ahí es donde Johnny enseñaba sus dientes y culebreaba feliz rozándose con sus endebles víctimas dispuesto a retarlas, una a una, a una tensa mirada o a un mordiente comentario a cuchillo. Y Johnny no era grande, es que ellos se volvían extremadamente pequeños.
Lo malo llegaba cuando se apagaba la música, cuando se diluía el humo, cuando todos se conocían, cuando cada uno se marchaba para su casa… y en soledad, atormentado y seco, Johnny desafiaba con una tensa mirada o un mordiente comentario a cuchillo al espejo del ascensor que lo llevaba, como cada madrugada, al infierno del consigo mismo. Allí donde se volvía escalofriantemente débil, como un tiburón fuera del agua…. allí donde las mentiras no tenían peinado, a las palabras se les corría el rimel y los besos eran algo esponjoso que no terminaba nunca en polvo guarro.
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29 de Julio de 2008
En la noche interminable se le despertaron sus vértigos. Resucitaron sus muertos y se deshicieron sus penas en sus sueños infinitos de principio, final y melodía. De cuerpo como el de una sinfonía. De discurso y letra firme.
Como un recordatorio de caidas libres sudó dando vueltas en su cama. Vacía, caliente, infantil, colorida, sucia. Recorrió cada recobeco de esas sus cuatro esquinitas que rezaba la oración que le había enseñado su Abuelo depues de esas historias interminables de cazadores y osos gigantescos. Duermete niño, que te espera el sueño eterno y el dolor como una vida de largo.
Siguió haciendo vida la oscuridad en su cabeza y la noche daba vueltas en su cama ya sudorosa y colorada. Aire sofocado y luna incandescente. Noche tétrica de claridad y brisa cálida. Noche de recuerdos como realidades tan dulcemente inciertas que condenaban al culo al aire lo matérico y consciente de la mañana que asomaba ya agotada.
La realidad era bien diferente y cuatro esquinitas tenía su cama.
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22 de Julio de 2008

Había que verlo vistiendo sus sandalias, sus calcetines y su sonrisa nerviosa. Había que verlo echando por fuera regustillos amargos y barnices mate. Había que verlo hinchando el pecho, colocándose el flequillo, comiéndoselas con la espalda. Danzando en el enésimo sueño despierto.
Recto y estirado con la barbilla cogiendo aire, lustroso y esbelto, trozo de carne que nunca llegó al hueso, enorme y elegante soldadito de hielo… alargaba, sol enfrente, la mirada al horizonte con la cara que su pose le dejó en el último regate y ese todo, vistazo de otro todo, era tan inmenso, tan infinito, tan cercano y tan lejano a la vez… tan superficial y tan profundo, era tan todo este todo que nos miraba que, hasta el mismísimo Johnny, tuvo que tragar saliva y darse la vuelta sintiéndose pequeño. Ínfimo.
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