Son 115. Mío.

En todas mi vidas fui yo. En todas mis vidas volé, caminé, me comporté como un primate, pero fui yo. Incluso cuando la imaginación se rendía y el sueño acababa, cuando no me cubrían canciones, ni mares infinitos o cuando yo ya no montaba corceles de crines desnudas o escuchaba silencios mudos sobre el chirriar de algún suelo de madera que era casi mío.

En todas mis vidas fui yo dentro y fuera de los espejos. Comí. dormí, viví y me acerqué lentamente a la muerte, al fin de esa vida, a la espera incesante de otra. Mis manos hicieron y yo las dejé hacer. Mis pies caminaron y yo los dejé caminar. Y hablaron las palabras y las tintas se abrieron paso en forma de rios. Fui útil a veces, innecesario otras muchas… fui bueno para esto y fui bueno para aquello. Triunfé y fracasé a partes iguales.

En todas mis vidas fui yo y nunca dejé ser robado. Nunca abrí ni abriré mi candado. En todas mis vidas fui yo y fui mío… sentí la necesidad que yo me impuse y fabriqué mi propia prisa, mi propio hambre, mi propia angustia. Serví y me sirvieron e incluso me sentí orgulloso de hacerlo. Pero nunca, nunca, nunca dejé que nada ni nadie gobernase todo aquello que era absolutamente mío… Mi canción, mi mar, mi corcel de crin desnuda y mi silencio preferido.

En todas mis vidas fui yo y fui mío.

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