Son 97. Extremadamente pequeños.

Tan despiadado y resabido, Johnny era un auténtico tiburón de la oscuridad… tan firme y seguro en los mares de griterío y gente, de humo y rock’n roll… Johnny era el puto amo en la cima de las cimas de los tumultos donde todos se sentían enanos e insignificantes, desconocidos e indefensos. Ahí es donde Johnny enseñaba sus dientes y culebreaba feliz rozándose con sus endebles víctimas dispuesto a retarlas, una a una, a una tensa mirada o a un mordiente comentario a cuchillo. Y Johnny no era grande, es que ellos se volvían extremadamente pequeños.

Lo malo llegaba cuando se apagaba la música, cuando se diluía el humo, cuando todos se conocían, cuando cada uno se marchaba para su casa… y en soledad, atormentado y seco, Johnny desafiaba con una tensa mirada o un mordiente comentario a cuchillo al espejo del ascensor que lo llevaba, como cada madrugada, al infierno del consigo mismo. Allí donde se volvía escalofriantemente débil, como un tiburón fuera del agua…. allí donde las mentiras no tenían peinado, a las palabras se les corría el rimel y los besos eran algo esponjoso que no terminaba nunca en polvo guarro.

Un comentario para “Son 97. Extremadamente pequeños.”

  1. lucia dice:

    Por qué Johnny?

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