Son 91. Mira.

Lluvia

Lamentablemente no siempre soleaba alegre. A veces los caminos eran de vuelta y los pájaros emitían graznidos grises en lugar de un cantar colorido y bienhumorado.

Eran caminos de tierra que no llevaban a ninguna parte, camas vacías y gotas en las ventanas. Eran tardes metidas en una caja y arrugas en el aire que respiras.

Y Johnny recordaba sus fiestas, con sus sonrisas y sus bellas lamidas de polla. Recordaba sus triunfos y sus celebraciones, ellas tan rodeadas de gente siempre. Sus tumultos en los buenos ratos. Sus noches sin lágrima, sus problemas resueltos… Recordaba el puto estribillo pegadizo de su vida. Recordaba el paseo a la punta del faro, recordaba abrazos y besos, pitillos, secretos y cartas selladas con lacre. Recordaba las carcajadas que siguen a los chistes.

Eran silencios como escaleras viejas que tocaban el fondo. Eran lamentos sin patria ni nombre ni razón para esconderse. Eran ausencias de todo, vacíos, batallas eternas.

Y Johnny miraba a su alrededor y solo veía carmin por el suelo de su autoestima, libros ilegibles y guitarras afónicas. Calcetines, gayumbos, pétalos secos y basura. Hueco para gritos y folios en blanco. Olor a perfume de su última alegría y la puerta entreabierta y con cara de asco. Veía, comia y sentía en su agrio decorado y en su corazón rodeándole con un brazo su cuello y reprochándole… mira! mira! mira!… Mira como me has dejado.

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