22 de Septiembre de 2008

Miré atrás, vislumbré nuestro adelante. Imaginé, inventé, soñé… hice algo con el futuro y lo manché con la tinta de mi tintero. Me replanteé el camino como consecuencia y causa de algo. Como circustancia, como hecho, como balance de daño.
Apenas sueño ya dormido porque sé que lo único que nos levanta de la cama es la realidad golpeando, gota a gota, en nuestra ventana. Perdí interés por todo lo que sobrevuela la superficie… todo lo banal, ¿que más banal que el hambre mundial?… ¿que más banal que darse cuenta de las injusticias?… y comentarlas a cara de perro en el bar o merendando resignación con tu padre que ya es viejo y acierta a utilizar términos como “vacío” o “hijos de puta” para configurar su añejo discurso que va cobrando credibilidad, veneno y forma.
Cada vez que razono me veo empuñando un fusil detrás de algún muro o apretado a un muro detrás de algún fusil.
Pero no, no empuño fusiles ni le regalo a mi autoestíma cosas más logradas que peroratas tal que la que transcurre, que se pudre en la indeferencia de todos y ninguno. Pero el dia a dia no deja de abofetearnos con colores ladrillo, silbatos, por cientos, noticias, corbatas y altas esferas por encima de la esfera terrenal. no deja de agitarnos, de masacrarnos el intelecto, de oprimirnos… de demostrarnos clara y ciertamente que somos unos inútles y unos incapaces que vemos lo intorable y lo consentimos. Como comiendo mierda con salsa de ketchup… como siendo vulnerables y vacíos… como siendo nadie.
Y a donde vamos?… este aire que respiro huele a que me está diciendo que a ninguna parte. A ninguna parte, ni tampoco somos nadie. Y en que se convierte querer? desear? pudrirse en soledad? o disfrutar de increible compañia?… En que consisten las satisfacciones y los logros… en que los escalones y los pasos de gigante gilipollas y grotesco… de gigante marioneta, de gigate gigantesco, bobalicón, ciego, mudo y sordo.
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16 de Septiembre de 2008

En todas mi vidas fui yo. En todas mis vidas volé, caminé, me comporté como un primate, pero fui yo. Incluso cuando la imaginación se rendía y el sueño acababa, cuando no me cubrían canciones, ni mares infinitos o cuando yo ya no montaba corceles de crines desnudas o escuchaba silencios mudos sobre el chirriar de algún suelo de madera que era casi mío.
En todas mis vidas fui yo dentro y fuera de los espejos. Comí. dormí, viví y me acerqué lentamente a la muerte, al fin de esa vida, a la espera incesante de otra. Mis manos hicieron y yo las dejé hacer. Mis pies caminaron y yo los dejé caminar. Y hablaron las palabras y las tintas se abrieron paso en forma de rios. Fui útil a veces, innecesario otras muchas… fui bueno para esto y fui bueno para aquello. Triunfé y fracasé a partes iguales.
En todas mis vidas fui yo y nunca dejé ser robado. Nunca abrí ni abriré mi candado. En todas mis vidas fui yo y fui mío… sentí la necesidad que yo me impuse y fabriqué mi propia prisa, mi propio hambre, mi propia angustia. Serví y me sirvieron e incluso me sentí orgulloso de hacerlo. Pero nunca, nunca, nunca dejé que nada ni nadie gobernase todo aquello que era absolutamente mío… Mi canción, mi mar, mi corcel de crin desnuda y mi silencio preferido.
En todas mis vidas fui yo y fui mío.
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9 de Septiembre de 2008

De algunos de los modos que me oprimían el pecho, que me dejaban sin aire. De alguno de los paseos, de las lluvias y esa acera color marrón grisáceo debajo de ese cielo gris ceniza. Gris despojo, gris reproche, gris vida.
De aquellos ojos nublados, de aquellas borrascas solitarias y temerosas. De aquellos brazos que se ponian de rodillas y no eran quien de levantarse. De aquel Drexler, de aquel José Cuervo sabor lágrima, de aquel amor sabor limón, que aquel salto al vacio, de aquel secreto, de aquel yo, mi, me, conmigo.
De aquella nada de la cual la memoria alimenta un todo… haciéndole el boca a boca con canciones, con mañanas de tormenta, con secilla y virulenta manera de pensar cuando uno piensa sin pensar en pensar bien.
Y cada vez somos más grandes… y cada vez estamos más juntos… y cada vez somos más infranqueables. Así que solo tengo que darle a STOP a este disco para que se quite de mi nariz olor a hierba mojada y de mis ojos nubes de gris ceniza de mil incendios.
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28 de Agosto de 2008

No se mueven las estatuas porque las estatuas callan solas. Callan solas y no hablan porque las estatuas viven solas. Y no fuman y no beben porque no comparten. No comparten y no le ponen nombre a las cosas, no resumen, no hacen despiece del disfrute. Oyen música y no bailan, ni tiritan ante el frio, ni protestan, ni sonrien, ni lloran ni se derriten. A las estatuas les falta ojos que las miren, tanto que se han cerrado los suyos.
En silencio, sin saber como de bueno o malo es su presente, sen encaraman a un futuro tan vacio que solo estarán ellas mismas. Mudas, sordas, ciegas, quietas y solas.
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26 de Agosto de 2008

“Quien no muere no vive. Quien no vive no siente. Quien no siente no sabe lo que es estar más o menos cerca de la muerte. Quien no siente no teme y quien no teme no sufre. Quien no sufre no vive”.
Abrí los ojos de un salto y encendí la luz de un grito… ¿de quien sería esa voz infantil que me sacó de mi octonario descanso?. Ese día desayune fuerte… almorcei, almorcei y cambie las cosas. Fui a mi trabajo en bici y no busqué reflejo alguno en cada charco que sobrevolaron mis pupilas. No hablé solo, no endulcé la vida con mentiras, no busqué fuera lo que necesitaba tener dentro y no encendí la lámpara de alcohol porque ese dia se podía ver de sobra.
Agarré firme mi marioneta y empecé a tensar y liberar mis cordeles… tiré un poquito del cordel de la sabiduría y aprendí y escupí lo que sabía. Solté un poquillo del cordel de las vivencias y le acaricié la mejilla al miedo tan pueril y desconcertado. Manejé, manipulé, controlé… fui el dueño de cada movimiento y de la fuerza que los producía. Descubrí como tirando del amor se descuidaba el frío y anticipándose a la eternidad se precipitaba el vacío. Di un paso, di otró, me moví terco y torpe entre tropezones y esqueletos de trapo. No me gané el cielo, no me gané el infinito… No me acosté con Yoko Ono ni liberé civilización alguna. Viví callao y feliz en un planeta tan pequeño que solo había sitio para mi corazón y todo lo que cabía dentro.
Y no me volví a escapar entre canciones que yo nunca habría escrito.
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